Cáncer de esófago: ¿sabía que el reflujo puede tener relación con su desarrollo?

Obesidad, tabaquismo y alto consumo de alcohol también se cuentan entre los principales factores de riesgo de estos tumores, que se presentan con más frecuencia a partir de los 60 años.

Definida médicamente como disfagia lógica, la dificultad constante y progresiva para tragar alimentos es la mayor señal de alerta de un posible cáncer de esófago, enfermedad que aparece comúnmente después de los 60 años de edad y que afecta más a hombres que a mujeres.

Abril es el mes en que se busca crear conciencia sobre este tumor, que está vinculado a diferentes condiciones y hábitos de la población, y que es menos frecuente en Chile (alrededor de 700 nuevos casos al año, según las estimaciones 2020 de Globocan) si se compara con Estados Unidos y Europa, y sobre todo con países asiáticos como Turquía, Irán, Iraq y China, donde se encuentran las más altas tasas de incidencia, comenta el Dr. Sebastián Hoefler, jefe de Cirugía Oncológica Digestiva de FALP. Pero ese panorama no le resta gravedad: anualmente se registran más de 600 fallecimientos por esta causa.

El especialista precisa que existen dos tipos de cáncer de esófago: el carcinoma escamoso, que se origina principalmente en la parte alta y medio del tubo que transporta alimentos y líquidos desde la boca hasta el estómago, y el adenocarcinoma, que se genera en la zona inferior de ese conducto.

A cada uno, además, le corresponden distintos factores de riesgo: “La variedad escamosa se produce por tabaquismo o alto consumo de alcohol, en tanto el adenocarcinoma —que es el de mayor ocurrencia en Chile— está asociado a la obesidad y al reflujo gastroesofágico, una alteración bastante usual que se expresa por medio de la acidez y la devolución de la comida (o regurgitación)”, explica.

Si bien en el reflujo influye la ingesta de alimentos irritantes, la principal causa de esta alteración es la debilidad del esfínter gastro-esofágico, región que separa el esófago del estómago. En algunos casos, los pacientes desarrollan Esófago de Barret, una afección que corresponde a una alteración del revestimiento normal del conducto: “Las irritaciones crónicas provocan transformaciones del epitelio y estas pueden derivar en malformaciones celulares. No todas las personas con Esófago de Barret desarrollan cáncer, pero sí aumenta el riesgo de tenerlo”, aclara el Dr. Hoefler.

Buscar un tratamiento que permita controlar el reflujo puede ser, por lo tanto, un acto clave en la prevención del cáncer esofágico, del mismo modo que preferir una dieta equilibrada —que incluya verduras y frutas—, tomar alcohol moderadamente —especialmente el de alta graduación— y evitar el cigarro, y las bebidas y comidas muy calientes o quemadas. Ingerir sopas, té o café a muy altas temperaturas es una costumbre igualmente riesgosa.

“Son medidas que deberían adoptarse a temprana edad”, dice el especialista en referencia a los hábitos que pueden llevar a la aparición de esta patología, que eventualmente progresa con rapidez y suele diagnosticarse de manera tardía, porque la decisión de consultar se va dilatando.

“Es fundamental actuar rápido frente a síntomas digestivos nuevos, como cuando el reflujo empeora. Si el paciente empieza a atorarse con los alimentos sólidos primero, luego con los picados y después con las papillas, hasta que ya no puede tragar ni sopa ni agua, estamos ante una señal de alarma y hay que actuar de inmediato, no más allá de dos semanas”, explica el Dr. Hoefler.

Eso significa someterse a una endoscopía, método principal del diagnóstico del cáncer de esófago, que en etapas avanzadas se manifiesta a través de la baja de peso, la disfonía, nódulos en el cuello y ganglios inflamados.

“En ese escenario, el pronóstico es negativo, porque implica que el tumor ya es muy grande y muy difícil de operar, o tiene metástasis”, comenta el especialista.

En estos pacientes, las terapias que se aplican tienen como propósito resolver su problema para alimentarse e incluyen sesiones de quimioterapia y radioterapia destinadas a reducir el tumor, así como la instalación de prótesis que vuelven a abrir el esófago.

Diferente es el panorama cuando la detección es oportuna. “Entonces es posible hacer una resección (extracción) endoscópica o, si el tumor es un poco más grande, realizar una cirugía, que es bastante compleja y riesgosa, porque involucra varias zonas del cuerpo (abdomen, tórax y cuello). Si no hay metástasis, antes de la operación se administra un tratamiento que combina quimioterapia y radioterapia”, explica el Dr. Hoefler.

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