Donación de sangre: la urgencia de un acto simple que es vital para personas con cáncer

La pandemia provocó en Chile un déficit de donantes que llega al 60%, mientras aumentan los requerimientos de pacientes que dependen de hemocomponentes.

Donar sangre es un acto tan breve como significativo: el proceso no tarda más de quince minutos y puede salvar la vida de tres personas, considerando que cada unidad recolectada se divide en ese número de hemocomponentes. Tal beneficio —versus el escaso tiempo que involucra— da cuenta de la importancia de la donación, una práctica que en Chile ha sido habitualmente insuficiente y que ha alcanzado niveles críticos producto de la pandemia.

Debido a las restricciones de circulación y también por temor al contagio, los dadores de sangre se redujeron desde el año pasado en el país y el déficit llega hoy al 60%, cifra que compromete la provisión que se requiere día a día y que la salud pública y privada están tratando de revertir con diversas iniciativas.

Los donantes se dividen en dos tipos: los de reposición, que acuden ante un llamado que busca reemplazar el stock utilizado en un caso puntual, y los altruistas, voluntarios que han incorporado a su rutina el hábito de dar sangre con cierta frecuencia.

“La aspiración de todo banco de sangre es que el 80% de las donaciones sean altruistas, porque permiten contar con un flujo constante y están asociadas a conductas y estilos de vida más seguros. En Chile, sin embargo, ese aporte es, en el mejor de los casos, del 20% o 25%, porque no hay conciencia colectiva acerca de su relevancia”, explica el hematólogo José Luis Briones, asesor médico del Banco de Sangre del Instituto Oncológico FALP.

La donación es un asunto crucial para los pacientes con cáncer, tanto en lo que concierne a tratamientos como a cirugías. “Quienes más consumen sangre son los pacientes hematológicos, ya sea en quimioterapias de leucemia y trasplantes de médula. Las quimioterapias son tan intensas, que la propia médula no es capaz de producir sangre por un buen tiempo —entre cinco y siete días— y en esos períodos los pacientes se mantienen gracias a las transfusiones”, precisa el especialista.

Lo mismo ocurre con quienes han sido sometidos a intervenciones quirúrgicas de gran envergadura o permanecen en ventilación mecánica prolongada, al igual que con pacientes afectados por tumores sólidos que, a causa de la quimioterapia, sufren una caída en la cantidad de glóbulos rojos o plaquetas: requieren transfusiones.

El escenario de las enfermedades oncológicas se ha vuelto más complejo con la pandemia, que ocasionó un retraso en los diagnósticos y, por lo tanto, un aumento en los casos de cánceres avanzados. “Eso nos ha exigido más como banco de sangre. El problema es que la escasez no se visibiliza. El déficit está encubierto, de alguna manera, porque hay un stock crítico bajo el cual no es posible funcionar. Cuando nos acercamos a ese nivel, empiezan las donaciones internas. El personal de la salud siempre da sangre, aunque no es lo ideal”, relata.

Ante el riesgo de quedarse sin la cantidad mínima de unidades, también se cuenta con la opción de recurrir a otros establecimientos, aun cuando no existe una red integrada de bancos como la que sí opera para los hospitales públicos. “Lo que tenemos es un acuerdo por el que nos prestamos sangre entre nosotros, pero no hay nada formal. Nos encantaría llegar a un sistema unificado”, dice el hematólogo.

El Dr. Briones agrega que FALP impulsa de manera permanente, a través de la Unidad de Donantes del Banco de Sangre, campañas cuyo propósito es atraer a nuevos dadores altruistas y también contactan a quienes han donado antes para formar un público cautivo. Los interesados, si cumplen con los requisitos, tienen dos posibilidades: hacer una donación total (que se fracciona luego en glóbulos rojos, plasma y plaquetas, utilizables individualmente) o una donación por aféresis, procedimiento que tarda más tiempo y en el que se extrae solo uno de los tres elementos.

Para avanzar aún más en la superación de la escasez, el especialista cree que en Chile podrían desarrollarse programas de donación como los de Estados Unidos, donde la gente se encuentra, mientras realiza actividades de ocio, por ejemplo, con móviles de la Cruz Roja destinados a la recolección. “Aquí la gente tiene que ir a un lugar y eso limita el acceso a donantes”, concluye.

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