“Estoy muy agradecida de FALP, es como mi segunda familia”

Diagnosticada con cáncer de pulmón, Adela Suazo participó de un estudio clínico para tratar la enfermedad. Hoy dice sentirse muy bien y feliz de ser útil a su familia y ayudar a otros pacientes.

Adela Suazo tiene seis nietos. El mayor de 24 años, mientras que la menor es una pequeña de sólo 4, que recientemente fue sometida a una cirugía de amígdalas. Para ayudar a cuidarla, dejó por unos días su casa en Linares y se vino a Santiago. “Estoy feliz de ser abuela. El 7 de octubre cumplí 76 y me siento como si tuviera 18 o 25. ¡Súper bien!”, se ríe.

En 2014, empezó a sentir mucho dolor en el pecho. “Yo sufría de bronquitis, así que pensé que era eso”, recuerda. Tras revisar sus exámenes, el médico broncopulmonar que visitó le recomendó acudir al Instituto Oncológico FALP. “Ahí me quedó claro que era un cáncer”, dice Adela, quien contaba con el Convenio Oncológico Fondo Solidario gracias a que su marido lo había contratado siendo funcionario del Banco Estado.

En FALP se confirmó el diagnóstico de cáncer de pulmón, el que no podía operarse. “Cuando me dijeron lo que tenía, mi marido se puso de todos colores, pero yo dije ‘doctor, yo creo que algo hay que hacer’, y él me contestó ‘por supuesto’. Llegué a Linares, llamé a mi familia, conté lo que pasaba y advertí que no quería que me estuvieran llamando a cada rato porque yo estaba bien y me iba a mejorar”.

Así, comenzó con quimioterapia y, pasado un tiempo, fue incluida en un estudio clínico para tratar su enfermedad: “Tuve la suerte de haber sido tomada en cuenta para ese estudio. Cuando entré, el tumor medía 5 centímetros y con el tratamiento bajó su tamaño a poco más de un centímetro. Estoy muy agradecida de FALP, es como mi segunda familia. Cuando he visto a pacientes que están tristes, me he acercado buscando conversación para levantarles el ánimo. Eso me gusta mucho y a mí también me sirve. Mucha gente tiene este cáncer, pero hay que saberlo llevar”.

Adela cuenta con entusiasmo que “la verdad es que a mí hoy no me duele nada y me movilizo para todos lados. Incluso mi hija me confía el cuidado de mi nieta; eso me sirve como terapia también, porque soy útil. Me siento muy bien”.

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