Estrés crónico y enfermedades: ¿cómo se vinculan?

Las preocupaciones del día a día, sumado a una alimentación poco saludable, sedentarismo y un descanso deficiente, pueden provocar consecuencias en nuestro organismo. ¡Está en nosotros cuidarnos más!

Los seres humanos que vivieron hace miles de años en nuestro planeta, se enfrentaban a distintos desafíos que ponían a prueba su supervivencia. Por ejemplo, tenían que ser capaces de recolectar suficiente alimento para ellos y su familia, protegerse de las temperaturas adversas y estar siempre alertas ante las inminentes amenazas del entorno.

Si bien, hoy en día nuestros desafíos son distintos -ya no escapamos de grandes animales, pero sí de los problemas- nuestro cerebro no ha cambiado mucho y la capacidad de respuesta del cuerpo ante una amenaza se ha mantenido: este es el punto de partida para explicar el estrés y qué sucede cuando se convierte en crónico.

Cortisol y adrenalina: protagonistas en nuestro sistema de huida

¿Has notado que con solo pensar en algo que te preocupa, ya puedes sentirte físicamente alterado? Lo primero que debemos saber, es que nuestro cerebro no sabe diferenciar entre una amenaza real y otra que está en la mente.

Cuando nos sentimos preocupados o nos enfrentamos a situación real de amenaza, el cerebro lo percibe a través del hipotálamo. Se activa el sistema nervioso simpático, que está relacionado con el instinto de supervivencia y estimula las glándulas suprarrenales, que secretan cortisol y adrenalina.

La producción de estos neurotransmisores no es negativa en sí misma, ya que gracias a ellas, todo nuestro organismo se activa para una eventual huida o para reparar tejidos dañados. El problema surge cuando este estado de alerta y preocupación es constante, ya que el cortisol, también afecta a otros sistemas esenciales para nuestro bienestar.

Siempre estresados, menos protegidos

El estrés es uno de los factores predominantes que articula la respuesta inflamatoria del organismo. A través de los sistemas endocrino, inmunológico y neuronal, el estrés crónico puede provocar modificaciones sustanciales: por una parte, el crecimiento y la regeneración sana del cuerpo y las células se altera y por otra, el sistema inmunológico se ve inhibido -no respondiendo bien a los estímulos hormonales y a la liberación de citocinas pro-inflamatorias, proteínas que inducen a la inflamación- lo que nos deja expuestos a enfermedades y a una salud deteriorada.

 

Junto con esto, el estrés crónico también afecta la digestión y puede generar trastornos sexuales, ya que al sentirse amenazado constantemente, el organismo paraliza o deja “en segundo plano” lo que no es indispensable para la supervivencia, enfocado su energía en la activación muscular, respiratoria y cardiovascular. Básicamente, lo que necesitamos para defendernos o para salir corriendo.

Manejar el estrés: clave para estar bien

Sabemos que el estrés es parte de la vida y que, en algunas ocasiones, hay eventos que se escapan de nuestro control. Con ello, se pueden generar estresores que se hacen crónicos, como una enfermedad, impactando en diversos ámbitos y por periodos prolongados, pero la buena noticia es que podemos intentar activar estrategias que nos ayuden a contrarrestar el malestar que genera lo que estamos enfrentando.  

Darnos el tiempo para hacer actividades que nos relajen y ayuden a reducir los niveles de cortisol, es clave. El ejercicio físico y una alimentación saludable reducida en alimentos pro-inflamatorios (alcohol, azúcar, grasas saturadas, harinas refinadas) contribuirán a revertir el espiral del estrés crónico.

¡Cuidémonos ahora, para vivir mejor cada día!

Noticia anterior
");
Gire su dispositivo móvil Estimado usuario, nuestro sitio ha sido oprimizado para una visualización vertical. Gire su dispositivo y siga navegando.