Linfedema: cómo manejar mejor esta complicada secuela

Esta complicación consiste en la acumulación de líquido linfático de un brazo que aparece en algunas personas operadas por cáncer de mama. Información, educación y un tratamiento precoz del linfedema son claves en su control.

Curar o controlar la enfermedad es lo urgente cuando una persona es diagnosticada con cáncer. Una vez hechos los esfuerzos para ello, retomar la rutina con una buena calidad de vida se vuelve fundamental, pero ésta puede verse afectada por secuelas producidas por los mismos tratamientos recibidos. Es importante estar al tanto de ellas y tomar las medidas para manejarlas.

En el caso del cáncer de mama, la hinchazón, endurecimiento y pesadez del brazo que está al mismo lado de la mama operada son posibles efectos de la cirugía para extirpar el tumor cuando además deben retirarse ganglios linfáticos para determinar si la enfermedad se ha extendido. 

Verónica Hurtado, jefa del Equipo de Kinesiología de FALP.

Dr. Camilo Torres, cirujano de mama del Instituto Oncológico FALP.

Se trata de manifestaciones de un linfedema, producido por la acumulación de líquido linfático.

El linfedema es una complicación histórica de la cirugía de cáncer de mama. Hace algunos años, se solía realizar una disección axilar, extirpando más de 10 ganglios de esa zona, lo que repercutía en el drenaje del líquido linfático. Hoy, en cambio, estamos haciendo disecciones axilares en un grupo minoritario de pacientes con cáncer más avanzado. En general, trabajamos con nuevas técnicas que disminuyen la agresión a los ganglios y la axila, lo que reduce de manera importante el riesgo de desarrollar linfedema”, explica el Dr. Camilo Torres, cirujano de mama del Instituto Oncológico FALP.

El especialista se refiere a la detección del linfonodo o ganglio centinela, al que describe como el “portero” de los ganglios de la axila, ya que es el primero de ese grupo al que llegarán las células tumorales en caso de extenderse el cáncer de mama: “Si éste se saca y no presenta células anómalas, se puede decir con bastante certeza que tampoco las hay en los demás ganglios, por lo que no será necesario retirarlos. Por el contrario, si ese ganglio centinela tiene células malignas, se podría sospechar que hay más ganglios comprometidos y habrá que sacar un número mayor. Si bien extirpar el ganglio centinela podría producir linfedema, no es lo frecuente”.

Aunque se han desarrollado alternativas quirúrgicas que pueden dar una solución al linfedema —la unión de vasos linfáticos y venosos, o el trasplante de tejido linfático para reemplazar a los ganglios 

retirados—, para la mayoría de las pacientes sigue siendo una condición irreversible, pero que se puede mantener bajo control.

INFORMACIÓN Y EDUCACIÓN

El linfedema en una paciente tratada por cáncer de mama se puede instalar en cualquier momento: a las dos semanas, desde el mes, a los seis meses o 2 años después de la cirugía”,  dice Verónica Hurtado, jefa del Equipo de Kinesiología de FALP y presidenta de la Sociedad Chilena de Kinesiología Oncológica. Según cuenta, muchas sienten una pesadez en su brazo, lo que ya representa un síntoma de linfedema, pero no consultan a su médico hasta que ven que ha aumentado de tamaño o está enrojecido.

El linfedema es un diagnóstico crónico. Significa tener precauciones de por vida, como evitar tomarse la presión en el brazo comprometido ni recibir punciones con aguja; protegerlo para evitar cortes, que entre en contacto con calor o picadas de insectos que puedan provocar un proceso infeccioso”, comenta la kinesióloga.

Sin embargo, recalca, la mirada sobre el linfedema ha ido cambiando hacia la idea de que no tiene por qué ser una limitante para llevar una vida normal. Para que esto se logre influyen distintas variables. Una de ellas es que la paciente sea educada e informada en cuanto a esta posible secuela del tratamiento de su cáncer, para poder manejarla adecuadamente.

Hoy en día, la paciente ya tiene una noción de que un mes después de la cirugía debe empezar a hacer ciertos ejercicios de actividad general (bicicleta estática o caminatas) y otros específicos para estimular un bombeo en el sistema linfático. Si en ese momento no tiene linfedema, comienza a usar una manga compresiva de prevención en forma ocasional; cuando hay linfedema, se usa diariamente una manga de tratamiento, con otro tipo de tejido y compresión. Ya sea que se le haga disección axilar o se le retire ganglio centinela, la paciente debe hacer ejercicios y siempre usando la manga”, afirma.

Otro factor que va a colaborar es que sea un kinesiólogo capacitado quien esté a cargo del tratamiento para estabilizar el linfedema, ya sea indicando la pauta de ejercicios o realizando las sesiones periódicas de drenaje linfático que se requieren.

Ojalá el manejo del linfedema sea precoz, pero si es tardío, igualmente hay tratamiento. El problema es que muchas pacientes no reciben información en sus centros de salud o no son derivadas al kinesiólogo. Los ejercicios ayudarán a la paciente con linfedema a disminuirlo y controlarlo. Puede cargar peso en sus funciones diarias, sólo que no deben ser de manera repetitiva todos los días. O realizar gimnasia en piscina temperada si el agua no está muy caliente. Es decir, es posible retomar la vida normal con la información que deben entregar los profesionales y los implementos necesarios. La rehabilitación existe”, finaliza la especialista FALP.

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