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Los cánceres que afectan a la sangre

Leucemias, linfomas y mieloma múltiple son patologías que presentan diferentes desafíos, requieren métodos diagnósticos que apunten a un tratamiento personalizado y deben ser manejadas por un equipo multidisciplinario de profesionales de la salud.

Existe un grupo de enfermedades malignas que afectan a la médula ósea, la sangre y los ganglios linfáticos. Son conocidas como “cánceres de la sangre”, de ellas se ocupa la hemato oncología y corresponden principalmente a las leucemias, linfomas y el mieloma múltiple. Y todas ellas conmemoran su Día Mundial en septiembre (comenzando el 5 de ese mes con el mieloma), fechas establecidas para llamar la atención sobre su impacto y los avances en su investigación y tratamiento.
“Como Fundación se atendieron muchos pacientes en 2017; más de un centenar de ellos con leucemia y linfoma, y más de 60 con mieloma múltiple”, cuenta el Dr. Raimundo Gazitúa, jefe de Hematología del Instituto Oncológico FALP, quien explica cómo se lleva a cabo en la institución el tratamiento de quienes desarrollan neoplasias hematológicas.

“El manejo integral del paciente abarca desde las tareas de un laboratorio y sistema de diagnóstico que permiten distinguir los tipos y subtipos de las enfermedades, hasta un modelo de trabajo multidisciplinario en que participan médicos de distintas especialidades y profesionales como enfermeros, tecnólogos médicos, químicos farmacéuticos, psicólogos, kinesiólogos, nutricionistas, arteterapeutas, asistentes sociales y especialistas en cuidado y manejo del dolor. También es fundamental la existencia de unidades de aislamiento adecuadas, para pacientes con periodos prolongados de inmunodepresión debido a la quimioterapia intensiva, y dentro de pocos meses contaremos en nuestro nuevo edificio con modernas unidades de hospitalización dotadas con la más alta tecnología para personas que requieren este tipo de tratamientos”, detalla.
Dentro de este esquema, el Dr. Gazitúa destaca la figura del Comité Hemato Oncológico, donde se discuten semanalmente los diferentes casos a enfrentar: “Ahí se agrupan todos los elementos diagnósticos y podemos realizar una mejor toma de decisiones, porque todos los médicos nos involucramos en el tratamiento. Eso los pacientes lo agradecen y lo destacan”.

LEUCEMIAS

“Una de las neoplasias más relevantes para los pacientes hematológicos son las leucemias agudas, que por lo general son enfermedades muy intensas. En muchos casos, deben estar sometidos a terapias y hospitalizaciones de larga estadía, lo cual determina que deban hacer un paréntesis en su vida normal para enfocarse en someterse a un tratamiento que les permita continuar viviendo”, afirma el especialista.
Según explica, las leucemias agudas afectan inicialmente a la médula ósea, que es un tejido situado al interior de los huesos largos y donde tiene lugar un proceso llamado hematopoyesis: “A partir de las células madre, se va dando origen a los distintos tipos de elementos figurados y células sanguíneas, como glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Nosotros les explicamos a los pacientes que la médula ósea es la fábrica de la sangre. Es un proceso muy complejo de producción para que las personas puedan estar sanas y vivir bien. Las funciones de la sangre son importantes en varios niveles: los glóbulos rojos se encargan de transportar el oxígeno a los tejidos y por lo tanto cumplir todas las funciones vitales del organismo; los blancos, de proveer la inmunidad del organismo, protegernos contra las infecciones y células tumorales; y las plaquetas tienen un rol preponderante en la coagulación sanguínea, nos permiten contener la hemorragia cuando hay alguna lesión en los tejidos. Cuando hay una enfermedad en la sangre, estos elementos se alteran, y esto es lo que determina la patología”.
La leucemia aguda, entonces, afecta al origen, a un tipo específico de células madre hematopoyéticas. “Eso hace que rápidamente, en el transcurso de días o semanas, se empiecen a producir y proliferar células sanguíneas malignas llamadas blastos, que ocupan el espacio de la médula ósea e impiden que se generen elementos sanguíneos de forma normal. Entonces, baja la cantidad de glóbulos rojos, lo que produce anemia; disminuyen los glóbulos blancos, lo que lleva a que caigan las defensas; y baja la producción de plaquetas. Además, pueden ir a infiltrar distintos tejidos del organismo, lo que puede determinar la aparición de síntomas adicionales”, describe.
Todo lo anterior produce una serie de manifestaciones: fiebre, dolor óseo, anemia, cansancio, una mayor incidencia de infecciones, equimosis (moretones) y petequias: “Habitualmente los síntomas tienen un desarrollo rápido, de días a semanas, y estas enfermedades tienen la complejidad de que, si el paciente no es sometido a tratamiento oportuno, fallecerá en pocas semanas”.

¿Cómo se diagnostica? Generalmente la sospecha aparece ante la presencia de síntomas y las alteraciones del hemograma descritas. Luego ésta se confirma con un examen llamado mielograma, el cual consiste en una punción ósea a nivel del esternón o cadera, en la cual se extrae médula ósea que posteriormente se analiza al microscopio. “Hoy en día, se puede ir más allá, distinguiendo de mejor forma los distintos tipos de leucemia. Para eso nos apoyamos con estudios genéticos, moleculares y de caracterización celular. Esto nos permite tener un diagnóstico certero, entregando al paciente un mejor tratamiento, más personalizado, acorde a su tipo específico de enfermedad”.

LINFOMAS

Los linfomas son un grupo amplio de enfermedades hemato oncológicas que afectan principalmente a los ganglios linfáticos. Las células que se alteran son los linfocitos, que cumplen un importante rol inmune en el organismo. Los hay de distinto tipo (Hodgkin, No Hodgkin B, T, etc.) y cada uno de ellos puede producir un subtipo de linfoma producto de diversas mutaciones en el material genético linfoide.
“Los pacientes muchas veces consultan por el aumento de volumen en un ganglio (adenopatía), el que se puede presentar en distintas partes del cuerpo: a nivel cervical, axilar, supraclavicular, inguinal. Es muy importante destacar que no todos los ganglios que aumentan de tamaño son un linfoma y para el médico hematólogo es muy importante reconocer en la primera aproximación si el ganglio es o no maligno. Hay claves clínicas que nos orientan: ganglios de más de 2 cm, de consistencia dura, que no se mueven a la palpación o que son indoloros, y que persisten más de un mes deben hacernos sospechar que estamos frente a una patología tumoral. Por otra parte, ganglios pequeños, sensibles, que desaparecen en menos de un mes pueden estar relacionados a un cuadro infeccioso, como una amigdalitis. Ante la sospecha de una adenopatía de carácter maligno debe hacerse una biopsia completa del ganglio. Hay que considerar que la causa tumoral puede ser linfoma o de otro origen, como mama o tumores de cabeza y cuello, entre otros, y la ubicación anatómica en esos casos nos va a orientar”, asegura.

MIELOMA MULTIPLE

“Es una patología menos frecuente que las anteriores, sin embargo, en centros de referencia como FALP atendemos cada vez más pacientes con mieloma múltiple”, comenta el Dr. Gazitúa. “Su origen también está en la médula ósea, alterando un tipo de glóbulo blanco llamado célula plasmática. Puede llegar a ser devastadora, porque compromete a muchos sitios del organismo. Se genera un exceso de células plasmáticas y anticuerpos anómalos que se van a depositar en distintos lugares del cuerpo y producir complicaciones, como anemia, lesiones óseas que deterioran progresivamente los huesos, incluso llegando a producir fracturas; inmunosupresión por una menor producción de anticuerpos normales e insuficiencia renal, entre otras manifestaciones”.
El mieloma, dice, debe ser sospechado principalmente en pacientes adultos con anemia persistente que no tiene una causa evidente, la que puede acompañarse de dolores óseos, y un examen de VHS (velocidad con que decantan los glóbulos rojos) elevado. “En los últimos 10 años, ha habido una revolución terapéutica, lo cual ha llevado a tener una mejor expectativa de sobrevida de esta enfermedad. En la actualidad, el mieloma no es curativo, sin embargo, con estrategias compuestas de tratamiento podemos prolongar la sobrevida de nuestros pacientes por varios años. El mieloma requiere de un manejo complejo. En una primera etapa, se aplican tres a cuatro ciclos de quimioterapia combinada con agentes específicos dirigidos a destruir la célula plasmática enferma para así controlar la enfermedad. Con esta combinación, en la mayoría de los casos es posible obtener un adecuado nivel de respuesta. En el caso de que el paciente esté en condiciones de recibir un autotrasplante, se someterá a un tratamiento que consiste en la administración de altas dosis de quimioterapia seguida del trasplante autólogo”.

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