Un cáncer de bajo perfil que va en aumento

La mayoría de los casos se detecta oportunamente, lo que favorece la opción de tener un tratamiento curativo. Afecta cada vez más a personas menores de 50 años.

El cáncer de riñón es uno de los 10 tumores malignos más frecuentes en Chile. Entre los tumores urológicos, a nivel mundial, se encuentra en tercer lugar, después de próstata y vejiga. Sin embargo, se trata de una enfermedad de la que no se habla demasiado. El Dr. Jorge Díaz, cirujano urólogo del Instituto Oncológico FALP, estima que el bajo perfil del cáncer de riñón puede deberse al hecho de que es una enfermedad desconocida y a que “la mayoría de los casos son diagnosticados en forma oportuna, por lo que la mayoría de los pacientes tiene opción de un tratamiento curativo y de volver pronto a su vida normal”.
El diagnóstico habitualmente temprano de los tumores renales, aclara el especialista, obedece a su detección en estudios de imágenes que, normalmente, se realizan por otra causa: “Hoy en día, la mayor parte de los cánceres renales son asintomáticos y corresponden a hallazgos incidentales gracias a una ecografía o un scanner indicados para evaluar un dolor abdominal u otra patología”.

Dr. Jorge Díaz, cirujano urólogo
del Instituto Oncológico FALP.

El tratamiento de los tumores renales en etapas tempranas es la cirugía. Cuando se detecta precozmente, el tamaño del tumor encontrado es más pequeño, lo que permite tratarlo con una intervención quirúrgica conservadora, en la que es posible extirpar sólo una porción del riñón y no el órgano completo.
“Hoy casi todas las cirugías son mínimamente invasivas, ya sea laparoscópicas o robóticas, lo que lleva a que la recuperación sea mucho más rápida. Cuando los pacientes tienen enfermedad localizada y los tumores tienen menos de 4 centímetros, la tasa de curación es bastante alta, con un sobrevida de más del 95% a cinco años”, comenta el especialista.
Dicho lo anterior, se debe considerar que un porcentaje de los pacientes con cáncer de riñón fallece. En Chile, esta es la realidad de más de 900 personas al año, según cifras de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS. “Hay distintos tipos de tumores. Algunos son de evolución lenta y pueden crecer 4 o 5 milímetros al año, pero también hay tumores renales más agresivos, que pueden desarrollar metástasis en hígado, ganglios, pulmones o huesos”, explica el Dr. Díaz.

TAMBIÉN SUB 50

El Día Mundial del Cáncer de Riñón —que se conmemora en junio y este año tiene por lema “Es necesario hablar”— busca dar visibilidad a esta enfermedad que afecta más a hombres que mujeres, que se detecta principalmente entre la quinta y séptima década de vida, y que ha ido en aumento en los últimos años. Una de las preocupaciones es que se ha apreciado un alza de los casos en personas más jóvenes. “En la práctica clínica, lo vemos cada vez más.
Actualmente, un tercio de nuestros pacientes en FALP son menores de 50 años, mucho más que hace 5 o 10 años. Si bien no se ha concluido por qué está ocurriendo, los factores de riesgo conocidos de la enfermedad son el tabaquismo, la hipertensión y la obesidad, y ahí podría haber una relación. Estamos operando gente de treinta y tantos o 40 años. No se trata de casos aislados, sino que de una tendencia observada en la consulta”, afirma.
En cuanto a los síntomas, los principales son hematuria (sangrado en la orina), dolor lumbar o en el flanco, o una masa palpable. “Actualmente, la enfermedad suele ser descubierta antes de dar síntomas. La presencia de ellos en general se asocia a tumores de mayor tamaño y, por lo tanto, un peor pronóstico”. Por esto, el Dr. Jorge Díaz plantea que un estudio de imagen, si es que no se ha realizado alguno por otro motivo, es recomendable como medida de detección precoz. “Basta con una ecografía, y si hay una anomalía o algo sospechoso, un scanner a partir de los 40 años.
Especialmente en personas con antecedentes familiares directos de cáncer de riñón o con factores de riesgo (hipertensión, obesidad, tabaquismo), considerando que es una enfermedad tan prevalente y potencialmente curable”.

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