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Chequeos oportunos (segunda parte): Hoja de ruta para encontrar un cáncer a tiempo

La detección precoz es fundamental en el manejo y pronóstico de la enfermedad. En esta edición, un panorama de qué exámenes son útiles para frenar un grupo de cánceres que afecta principalmente a las mujeres: quiénes deberían realizárselos y cuándo, a fin de evitar que un problema incipiente se vuelva una patología más avanzada.

Es normal recibir la noticia de un cáncer como un balde de agua fría. La sola palabra suele impactar y producir miedo; sin embargo, muchas veces el pronóstico de la enfermedad es favorable. Generalmente ese escenario está dado por descubrirla a tiempo, cuando las opciones de tratamiento y curación son mayores. En ocasiones, este hallazgo se puede producir incluso antes de que el cáncer presente síntomas o cuando aún se encuentra en etapa de lesiones precursoras.

Existen exámenes de tamizaje o screening que buscan anomalías en la población aparentemente sana, pero hay también pruebas que no están tipificadas como tal y que sería conveniente realizar en personas que reúnan determinados antecedentes: sexo, edad, historia clínica y familiar, y hábitos.

Aquí un panorama de quienes deberían o podrían comenzar con chequeos preventivos, cuándo hacerlos y cuáles son los exámenes que habría que efectuar para una detección precoz. Esta segunda parte está orientada fundamentalmente a las mujeres: además de las patologías de cuello uterino y mama, se abordan los tumores de vesícula y tiroides, que afectan bastante más a la población femenina.

 

CUELLO DEL ÚTERO

El cáncer de cuello del útero se origina, prácticamente en la totalidad de los casos, por causa del Virus Papiloma Humano (VPH). Según datos del Minsal, en Chile es la segunda causa de muerte en mujeres en edad reproductiva. Sin embargo, existe la ventaja de que puede detectarse cuando lo que existe aún son lesiones pre malignas, las que tienen una lenta evolución.

Qué, quién y cuándo:

La manera de frenar oportunamente un posible cáncer cervicouterino es sometiéndose anualmente a un Papanicolau. “Es un examen poco invasivo, parte del control ginecológico, y en general deberíamos enfocarlo en pacientes mayores de 20 años, con actividad sexual iniciada, hasta los 65 años”, advierte el Dr. Sebastián Ramírez, jefe del Equipo de Cirugía Oncológica Ginecológica de FALP. La importancia de no dejar pasar más de un año para repetir el Pap, explica, radica en que el examen podría no detectar una alteración en determinado momento -su sensibilidad es cercana al 60%-, pero sí en la oportunidad siguiente, y lo importante es que aún se esté a tiempo de poner atajo a un problema mayor. “La gracia es que llegas años antes de que se desarrolle un cáncer como tal. Se detecta una lesión pre invasora, se hace una biopsia para confirmar, habitualmente se realiza un diagnóstico precoz y un tratamiento curativo, que es una cirugía muchas veces ambulatoria, en la cual se extrae la lesión y evitas que se desarrolle un tumor. Mejorando la cobertura del Pap en la población en general, deberíamos lograr disminuir el número de muertes por este tipo de cáncer”.

El especialista advierte que para todas las pacientes que han desarrollado lesiones por VPH, controlarse anualmente es clave: “Cuando ya tuviste una lesión, existe más riesgo de desarrollar una nueva. Cada cierto tiempo, el virus puede reaparecer si la paciente pasa por un periodo de estrés, tiene su sistema inmune bajo, etc. Y hay que considerar que el VPH también afecta la vagina, el ano, recto, vulva, por lo tanto, una paciente que ya tuvo un problema en el cuello del útero también puede desarrollar a futuro un problema en esas zonas”.

TIROIDES

El Dr. David Cohn, jefe del Equipo de Cabeza y Cuello del Instituto Oncológico FALP, explica que el cáncer de tiroides es una patología que ha ido creciendo en número de casos detectados por año y que se da en casi todos los grupos etarios, concentrándose principalmente entre los 40 y 60 años. “En las mujeres mayores de 40 años existe un volumen importante de nódulos tiroideos, sin embargo, de todos ellos, no más de un 10% son malignos. Y más del 80% de los cánceres de tiroides son de tipo papilar, que tiene un excelente pronóstico, con porcentajes de curación de alrededor del 95%”, aclara.

Qué, quién y cuándo:

“La única manera de poder diagnosticar precozmente sería haciendo una ecografía cervical. Y si, ecográficamente, los nódulos encontrados son sospechosos, proseguir con un estudio citológico, que es una punción y es lo único que nos va a orientar el grado de sospecha de malignidad de un nódulo”, afirma el especialista. Según explica, lo que manda para concretar la realización de este examen es la historia familiar. “Personas que tienen antecedentes familiares de cáncer de tiroides deberían realizarse una ecografía porque, si bien no todos los cánceres son hereditarios, hay familias donde, fundamentalmente, varias mujeres han tenido cáncer de tiroides. Si en ese contexto, hay una hija de 13 a 14 años, a esa edad sería importante ya realizar una primera ecografía. Tenemos pacientes bastante jóvenes con cáncer papilar. Eso no significa que la ecografía se vaya a tener que hacer todos los años, sino que, de acuerdo a lo que arroje, se puede repetir en dos o tres años e ir viendo los hallazgos”, dice.

Sobre el aumento de la incidencia del cáncer de tiroides, el Dr. Cohn afirma que éste es real, pero también se debe, justamente, a un incremento de la pesquisa: “Se está haciendo más el examen, se piden ecografías cervicales para diagnosticar, incluso en las empresas. Y como mucha gente sabe que es una enfermedad que hoy es más frecuente, incluso pide que se lo hagan”.

MAMA

El cáncer de mama es la principal causa de muerte por enfermedad oncológica entre las chilenas. Según cifras del INE, en 2014 fallecieron 1.422 mujeres por estos tumores. Se presenta preferentemente sobre los 50 años.

Qué, quién y cuándo:

Hay distintos escenarios. El primero es que todas las mujeres deben realizarse anualmente una mamografía desde los 40 años.
“Distinto es el caso de una persona que tenga inquietudes antes de los 40 años. A ella se le hace una mamografía basal a los 35 años, y si ésta resulta normal la volvemos a hacer a los 40. Sin perjuicio de que a los 35 años pueda salir anormal y esto requiera controles posteriores más seguidos”, explica el Dr. Camilo Torres, jefe del Equipo de Mama del Instituto Oncológico FALP.
El especialista detalla otra situación: “Si presenta una patología en la mama, de preferencia un nódulo, la paciente puede tener 20 años y requerir una mamografía porque su nódulo o alteración es de aspecto incierto. Es infrecuente, pero existe y es súper importante entender que, si bien a esa edad uno no pide una mamografía, si hay duda debe pensarse en indicarla. He visto a niñas de 20 o 25 años con cáncer de mama que han experimentado un retraso en su diagnóstico porque el médico que las vio inicialmente no les pidió mamografía por ser muy jóvenes, aunque clínicamente la situación era rara”.

Luego, está la paciente con antecedentes familiares directos. Frente a esta realidad, precisa el Dr. Torres, se pueden seguir dos líneas: “Una es el estudio imagenológico, que se haría más tempranamente debido a estos antecedentes. Cuando una mujer de unos 30 años o poco más tiene historia de hermanas, madre, tías con cáncer de mama, uno debiera agregar, a una mamografía y ecotomografía precoces, una resonancia mamaria. Es un examen que se usa con criterios específicos”. El otro camino se sigue si hay razones para sospechar de un cáncer de origen genético ya que “varios familiares han tenido cáncer de mama, colon, ovario o páncreas, y éstos se presentaron a una edad temprana. Ahí se justifica un estudio para ver si la paciente puede ser portadora de una mutación genética de riesgo. Los estudios genéticos no deben indicarse en forma indiscriminada porque conllevan decisiones, como sacarse las mamas o los ovarios, por ejemplo. Si la persona que se hace el estudio no tiene eso claro, se puede llenar de una incertidumbre que a veces es peor que la enfermedad. Por eso se realiza una consejería genética”.

VESÍCULA

El cáncer de vesícula en Chile tiene una de las tasas de incidencia y mortalidad más altas del mundo, y el principal factor de riesgo para desarrollarlo son los cálculos biliares. Éstos son mucho más frecuentes en la población femenina y a medida que aumenta la edad, es más probable tenerlos. Además, es más común encontrarlos en personas obesas y pueden ser asintomáticos. Según datos del INE, de las 1.308 personas que fallecieron por este tipo de tumor en el año 2014, 955 eran mujeres.

Qué, quién y cuándo:

“Yo plantearía la realización de una ecografía abdominal como un examen de screening a mujeres mayores de 35 años, especialmente si han sentido dolor en la parte alta del abdomen, sobre todo hacia el lado derecho, y con familiares que hayan tenido cálculos a la vesícula. Si se está en ese grupo de riesgo, probablemente sería recomendable repetirla cada 2 o 3 años. Así se podrían detectar precozmente los cálculos y resolver el problema de manera oportuna”, explica el Dr. Sebastián Hoefler, jefe de Cirugía Digestiva Oncológica de FALP. “La ecografía tiene la ventaja de ser un examen barato, no invasivo y que se puede repetir todas las veces que sea necesario, puesto que no tiene ninguna contraindicación”, agrega.
El especialista recuerda que en Chile el plan AUGE incluye la colecistectomía preventiva (extracción de la vesícula) en adultos de 35 a 49 años que presenten cálculos.

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