Protégete de lo que no ves: nublado o despejado, tú puedes prevenir el cáncer de piel

La sobreexposición a los rayos ultravioleta del sol es uno de los principales factores de riesgo de esta enfermedad, cuyos casos han aumentado significativamente en el último tiempo.

La acción humana ha venido deteriorando la capa de ozono durante los últimos cien años, pero fue en 1985 cuando se descubrió un agujero en esa concentración gaseosa, que se ubica en la estratósfera y filtra los nocivos rayos ultravioleta. Desde entonces, no solo se han impulsado medidas para eliminar progresivamente las sustancias que afectan ese escudo, sino que también se ha advertido continuamente a la población acerca de los riesgos que representa para la salud la sobreexposición solar, una de las principales causas del cáncer de piel.

En el último tiempo, esta enfermedad ha aumentado significativamente en el mundo y en particular en Chile, comenta el Dr. Leonardo Peruilh, dermato-oncólogo del Instituto Oncológico FALP. Según las estadísticas de Globocan, los nuevos casos llegaron a 857 en 2020, pero el especialista estima que esa cifra está por debajo de la incidencia real en nuestro país.

“El ritmo de crecimiento ha sido exponencial, aunque no hay datos precisos. Pero uno lo nota en la consulta en FALP: de 20 o 25 pacientes con lesiones sospechosas, 15 presentan efectivamente cáncer de piel. Sus edades fluctúan entre los 40 y los 60 años, pero también ocurre entre gente más joven”, afirma.

Es probable, dice el Dr. Peruilh, que este escenario sea una herencia de la desinformación y escasa conciencia que había en décadas anteriores. Si bien los chilenos nos hemos vuelto cada vez más receptivos a las iniciativas que alertan de los peligros de la radiación solar y promueven la necesidad de protegerse, lo que hace falta —en su opinión— son programas públicos que, a nivel nacional, adviertan y eduquen de manera más decidida.

Recientemente, FALP lanzó una campaña de prevención que abarca Santiago y regiones. La actividad incluye mensajes en redes sociales, radios y televisión, además del despliegue de monitores que entregan material informativo en diversos lugares del país. También los vagones del Metrotren a Rancagua y el de Valparaíso forman parte de este plan, cuyo lema es “Protégete de lo que no ves. Nublado o despejado, tú puedes prevenir el cáncer de piel”.

El eslogan hace referencia a un aspecto crucial: la radiación ultravioleta —cuyos efectos son acumulativos— es invisible al ojo humano, pero actúa sobre nuestro cuerpo independientemente de la estación. Por eso es importante el uso de protector solar durante todo el año —los factores entre 30 y 50 son los más eficaces— y especialmente en la temporada de playas. Claro que su aplicación —que debería repetirse cada dos o tres horas— es solo uno de los recursos que existen en materia de prevención, explica el Dr. Peruilh.

“Hemos tratado de ir eliminando del léxico los términos bloqueador solar y pantalla solar, porque esos productos no bloquean ni son pantallas. Sí generan un grado de protección, pero no son una barrera absoluta. Antes, hay otras medidas más relevantes: evitar la exposición solar entre las 11:00 y las 16:30 horas —cuando los rayos ultravioleta caen directamente sobre la Tierra y la piel—, caminar por la sombra si uno sale en ese lapso, usar quitasol en la playa, utilizar anteojos oscuros y sombrero con alas de 6 o 7 centímetros, y vestir ropa de tonos oscuros y de manga larga. Generalmente se piensa que el blanco es más adecuado, porque refleja la luz, pero la radiación ultravioleta traspasa las fibras blancas con mayor facilidad”, precisa.

El cáncer de piel se divide principalmente en tres tipos —melanoma (el menos frecuente, pero el más agresivo), carcinoma basocelular (el más habitual) y carcinoma espinocelular (el segundo en frecuencia y de agresividad variable)— y en su aparición incide la sobreexposición al sol tanto episódica o intermitente como la crónica o permanente: “En ambos casos aumenta la posibilidad de desarrollar la enfermedad. El riesgo existe tanto para alguien que se quemó una o dos veces en la infancia o se broncea durante el verano y el resto del año se protege, como para una persona que se expone día tras día a dosis menores de radiación, como al manejar un auto o caminar por la calle”.

Las características individuales —el tipo de piel, sus antecedentes familiares o el trabajo que realiza— son otros factores asociados a estos tumores, por lo que el autoexamen es igualmente relevante. Cada cual debería conocer sus lunares, estar atento al surgimiento de nuevos, y examinar su apariencia, forma y evolución.

“Cerca del 70% de los melanomas —que nacen en los melanocitos, las células responsables del color de la piel— aparecen en zonas sin lunares previos. Muchas veces, cuando están empezando y son muy pequeños, solo pueden ser detectados mediante un dermatoscopio, una lupa especial que permite ver estructuras profundas. En ese sentido, es importante el chequeo dermatológico preventivo”, afirma.

Los cánceres no melanoma, en tanto, suelen expresarse como lesiones similares a una espinilla, una pequeña herida o cicatriz que se formó de la nada y sangra, no se cura y va creciendo. “Todos son elementos que los pacientes pueden buscar por sí mismos”, comenta.

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