Radiofármaco para cáncer de próstata avanzado

Antes de iniciar el tratamiento con radiofármacos, Víctor Méndez (50 años) llegaba al Instituto Oncológico FALP en silla de ruedas. Pese a haber recibido quimioterapia y hormonoterapia, el cáncer de próstata no lograba detenerse, provocándole fuertes dolores, producto de que la enfermedad también se había alojado en sus huesos y ganglios linfáticos.

Cuando el cáncer ya no responde a las hormonas, se habla de un cáncer hormonorresistente existiendo escasas alternativas de manejo. Principalmente quimioterapia, la que eventualmente tiene un efecto transitorio. Una vez que se agotan las alternativas disponibles, solo quedan los cuidados paliativos. “Al tener un tumor no operable, solo esperaba tener una buena vida. Pero eso no era posible tampoco, ya que los dolores eran tan intensos que debía inyectarme morfina cinco veces al día en el abdomen, lo cual también me provocaba sufrimiento. Ya nada hacía efecto”.

Hoy día, en cambio, Víctor se desplaza por sí mismo e incluso se reincorporó a su trabajo. La morfina la utiliza a veces como máximo una vez al día. El cambio se debe a que es uno de los diez pacientes que a la fecha han recibido un novedoso tratamiento con un radiofármaco que se fija en forma selectiva en los diversos focos tumorales de origen prostático.

El Dr. Horacio Amaral, especialista en Medicina Nuclear del Instituto Oncológico FALP, explica que el tratamiento consiste en la administración intravenosa del radiofármaco Lutecio 177- PSMA, una molécula que es captada selectivamente por las células tumorales de origen prostático afectadas y retenidas por estas de forma prolongada.
El radiofármaco se inyecta en una dosis cada dos o tres meses según la respuesta clínica y el seguimiento de los valores del antígeno prostático específico (PSA) en la sangre. Al ser emisor de partículas radioactivas beta, genera efectos terapéuticos sobre las metástasis de cáncer de próstata. Los pacientes deben realizarse previamente un examen llamado PET/CT con Galio 68-PSMA para confirmar la existencia de focos metastásicos aptos para ser tratados. “El Lutecio 177 se adhiere selectivamente a las áreas de metástasis ya sean óseas o en otros tejidos con presencia de células tumorales. Las partículas radiactivas rompen las cadenas dobles de ADN en las células en las que se fija, causando un potente efecto destructivo. Además, como el recorrido de las partículas beta que emite el radiofármaco es corto, la toxicidad en el tejido sano adyacente es mínima, reduciendo el impacto en los tejidos sanos. Por este motivo la terapia es muy bien tolerada y sin efectos secundarios indeseables importantes”.

MEJOR CALIDAD DE VIDA

“A diferencia de la terapia de radiación externa, en la cual las radiaciones que emite una fuente radiactiva sellada se concentran en el lugar que se ha de irradiar, el producto se administra al paciente por vía intravenosa y es captado o se localiza selectivamente en el lugar que debe irradiarse”.

El procedimiento terapéutico es sencillo ya que se inyecta durante unos minutos por vía venosa, y solamente requiere de un día de hospitalización, aunque sí una serie de normas de radioprotección en su domicilio durante tres o cuatro días. A diferencia de otras terapias para el cáncer, este tratamiento tiene escasos efectos adversos y no produce caída del pelo.

Todos los radiofármacos “teranósticos” (Galio 68, Lutecio 177) se producen en los laboratorios de FALP, operados por PositronPharma, de acuerdo a los estrictos protocolos de control de calidad y en las exigentes normas europeas. En los laboratorios trabajan destacados profesionales encabezados por el Dr. Vasko Kramer, PhD de la Universidad de Mainz de Alemania, y la bioquímica Jessica Ribeck.
El doctor Amaral indica que la efectividad preliminar del tratamiento aplicado a los diez pacientes ha sido tal, que han podido dejar de tomar los numerosos analgésicos que necesitaban para controlar el dolor y están llevando una vida prácticamente normal.
Y especialmente importante es que las imágenes que se han tomado dos meses después revelan que las metástasis han disminuido, lo que muestra que el tratamiento tiene un rol activo en el control de la enfermedad.

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